Eloisa.

sábado, agosto 22, 2015

Al abrir la puerta lo primero que vio fue un montón de cajas viejas llenas de polvo, lo que había dentro era un misterio que no tenía intención de descifrar. Se dirigió a la que parecía más grande y firme, la aplastó un poco con ambas manos para cerciorarse de que podía sostener su peso y se sentó con algo de desconfianza; al principio pareció estar bien pero a los pocos segundos se escuchó un sonido, como si algo se quebrara, entonces se levantó de un salto y rápidamente destapó la caja para ver que era lo que se había roto. Al abrirla se sorprendió de que no hubiera nada de vidrio, siguió buscando  al fondo encontró una figura rota por la mitad. Eso era lo que había hecho ese sonido. 

Tomó la figura con una mano y la examinó detenidamente, a simple vista parecía una muñeca antigua, tenía largas pestañas rizadas, labios de color rosa pálido y los ojos entrecerrados, lo cual impedía ver su color, dio la vuelta y observó el peinado lleno de pequeñas flores por todos lados, hasta ahí todo iba bien de no ser por el vestido desgarrado que cubría parte de su cuerpo, las piernas desprendidas de la parte superior lucían unos lindos zapatitos con una flor igual a las que llevaba en el cabello. Le pareció un atuendo curioso para una muñeca, sin embargo decidió conservarla. Pensó en repararla para luego colocarla sobre la repisa nueva que iría junto a su cama, sin duda alguna se vería bien una vez que estuviera limpia y tuviera un vestido nuevo. 

Feliz por su descubrimiento, la colocó en su mochila y comenzó a mover las cajas para separar lo que sería útil de lo que se iría directo a la basura. Aún estaba convencido de que haber adquirido esa casa era un golpe de suerte, pues aunque estaba en malas condiciones su precio había sido bajo y según le habían indicado los encargados de las reparaciones, la remodelación sería barata también. Lo único aparentemente malo era su ubicación alejada, casi internada en el bosque, pero para él no era un problema pues disfrutaba la soledad y gustaba del silencio, el cual según decía, le ayudaba a concentrarse. 

Los muebles de su antigua casa tardarían en llegar así que previendo eso se había llevado unas mantas y unas almohadas para descansar un rato en la noche, ya que estaba seguro de dormir poco con tanta cosa que tenía que hacer, y efectivamente el tiempo se pasó volando. Cuando se dio cuenta era ya de madrugada, se habia pasado toda la tarde sacando cosas inservibles y limpiando para que la casa pareciera habitable. Cuando hubo aventajado en el trabajo, solo extendió una manta en el suelo y se acostó boca arriba con la cabeza sobre los brazos, contempló el techo lleno de telarañas y pensó en todo lo que faltaba por hacer y finalmente en medio de sus pensamientos se quedó completamente dormido.

En su sueño vio la casa completamente renovada, llena de flores como las que llevaba la muñeca en el cabello, inundada de un agradable aroma, un aroma que invadía todo llenándolo de alegría, entonces, una voz lo llamaba desde la parte superior, al principio no reconocía la voz pero se sentía tranquilo y subía las escaleras acudiendo a ese llamado, al entrar en la habitación principal se encontraba con una mujer sentada dándole la espalda, se acercaba lentamente para sorprenderla pero ella se daba la vuelta antes de que el llegara recibiéndolo con una cálida sonrisa, era Eloisa quien lo esperaba siempre con su expresión dulce. 

Despertó agitado del sueño, se frotó los ojos y pensó en lo mucho que la echaba de menos, en una semana se cumplirían dos años desde su muerte y él la seguía recordando tan hermosa como en el primer día que la vio, sonrió con su recuerdo y quitó con su dedo la pequeña lágrima que resbalaba por su mejilla izquierda. Casi dos años después y su recuerdo aún dolía como en el momento en que llegaron a informarle de su muerte en medio de una junta de trabajo, recordaba como todos lo veían con tristeza pero sin atreverse a decir una sola palabra, le permitieron retirarse y entendieron el día que presentó su renuncia a pesar de ser uno de los más prometedores fotógrafos de la revista. Desde entonces había cambiado mucho, se había retirado del mundo de la fotografía, solo conservaba la cámara que Eloisa le había regalado para su cumpleaños.

Finalmente suspiró y se levantó decidido a continuar con su trabajo, era temprano aún, se empezaban a vislumbrar los primeros rayos de sol y aunque tenía hambre se puso a limpiar. Trabajó casi hasta el medio día cuando sintió que era necesario tomarse un descanso, además ya podría ir al pueblo para comer y comprar las cosas que le hicieran falta, aprovechando para conocer los alrededores. 

Se puso la chamarra y tomó su mochila, metió las manos para buscar rápidamente las llaves y al sacarlas salió la muñeca que encontró la noche anterior, recordó que necesitaba conseguir algo para pegarla y tal vez buscarle un vestido nuevo. La metió cuidadosamente en la bolsa lateral de la mochila y justo antes de cerrar la puerta se detuvo, sacó a la muñeca y la vio rápidamente, sonrió y la guardó nuevamente sin darle mucha importancia, juraría que la muñeca había abierto sus pequeños ojos mientras el la observaba y pensó: "Es ridículo".

Al llegar al pueblo preguntó por un lugar para comer, al llegar ubicó una mesa sola y se sentó. Leyó la carta y pidió sopa, no era como la que preparaba su madre pero con el hambre le pareció deliciosa, al terminar la sopa pidió un trozo de carne acompañado de verduras cocidas y como postre una rebanada de pastel de nueces. Mientras terminaba su pastel se quedó viendo la mochila y le pareció que la muñeca estaba a punto de caer fuera de ella así que la colocó en la mesa frente a el, se veía hermosa y pensó nuevamente en repararla, se quedó mirándola un momento y de una forma extraña se sintió acompañado por un instante. Pidió más café y preguntó por alguna tienda donde se pudiera conseguir algo para lograr su objetivo, la mesera le recomendó una tienda que quedaba a poca distancia de ahí y él agradeciendo la información le dejó una generosa propina al salir. 

Caminó aproximadamente cuatro cuadras hasta llegar a una tienda antigua que hubiera parecido abandonada de no ser por el hombre que acariciaba un gato gordo detrás del mostrador. 
 Busco algo para pegar esta muñeca, la rompí por accidente y como me parece bonita la quisiera reparar - Dijo al anciano.
El anciano dejó de lado al gato y estiró la mano para tomar la muñeca, la observó y sonrió de una forma casi imperceptible, - Buena elección, buena elección - repetía en voz baja mientras alternaba miradas entre la muñeca y el joven. Si gusta yo puedo repararla, tomará solo unos minutos - agregó sin soltar a la muñeca. 
Me parece perfecto, prefiero dejarlo en manos de un experto - dijo el joven sonriendo.
Entonces el anciano se metió por una puertecilla llevándose a la muñeca, unos minutos después volvió con la muñeca como nueva, había pegado las piernas en su lugar y había cambiado su vestido por uno nuevo. 
Al verla el joven se maravilló, se veía preciosa - ¿Cuánto es? - dijo sacando su billetera pero el anciano hizo un movimiento negativo con la cabeza. 
Es un regalo para los dos - dijo el anciano entregando la muñeca.
La tomó y salió extrañado de la tienda, "seguramente piensa que la obsequiaré a alguien" pensó y se subió al auto. 

Una vez que llegó sacó a la muñeca de la mochila y la colocó sobre la manta donde durmió la noche anterior, la vio detenidamente y sonrió, se sentía extraño mirando de esa forma a la muñeca, como si fuera algo más que un objeto inanimado, se acostó en un lado y cerró los ojos. Sin duda alguna le hacía falta dormir bien. 

En su sueño apareció nuevamente la casa llena de flores con su aroma delicioso, y la voz que lo llamaba, el iba a su encuentro feliz de ver de nuevo a Eloisa, la encontraba de espaldas, siempre mirando por la ventana pero esta vez lucía diferente, al voltear con él sonreía haciendo un esfuerzo y lo miraba con tristeza, entonces el corría a su lado preocupado y al abrazarla se deshacía en una explosión donde todo se llenaba de flores que volaban por todas partes. Despertó agitado con semejante pesadilla, al tratar de levantarse vio a la muñeca junto a el con la misma expresión de tristeza que viera en el rostro de Eloisa, y horrorizado la lanzó lejos de sí.

Respiraba con dificultad y corrió a tomar un vaso de agua, lentamente se fue tranquilizando aunque se sentía incómodo ante el recuerdo de la muñeca. Salió a caminar y durante unas horas no se acercó a esa parte de la casa, evitaba pasar por ahí para no pensar demasiado en lo ocurrido pero era imposible no pensar en ello. Trataba de recordar a Eloisa hermosa como siempre pero venía a su mente la imagen de ella luciendo enferma, triste y luego convirtiéndose en miles de pequeñas flores llenándolo de horror.

Finalmente después de varios días llegaron los camiones de la mudanza, comenzaron las reparaciones en la casa y se fue olvidando de la terrible pesadilla. El día que todo estuvo terminado invitó a algunos amigos y familiares a la inauguración de la nueva casa, todos acudieron contentos de que él decidiera salir de esa depresión en la que llevaba hundido tanto tiempo. Todo se veía diferente, la casa estaba radiante, él se había cortado el cabello, se había rasurado esa barba que tanto desagradaba a su madre ya que le hacía ver por lo menos diez años más viejo, había cambiado su guardarropa y hasta había conseguido un beagle juguetón que le daba más vida a todo. 
Durante la reunión uno de sus amigos le ofreció ser el fotógrafo de una nueva revista y él en medio de ese ambiente de entusiasmo aceptó, todos aplaudieron emocionados. 


La reunión terminó tarde, casi a las doce y el salió a despedirlos a todos, invitándolos a visitarlo cuando quisieran, una vez que el último invitado salió cerró la puerta y se sentó en el sillón, el beagle corrió y se colocó a sus pies, se acomodó quedándose completamente dormido. El lo vio con ternura y se levantó por una taza de café, tenía la manía de tomar café siempre antes de dormir. Al levantarse sintió que había pisado algo y volteo al piso, entonces vio a la muñeca, pensaba que la había tirado pero al parecer había quedado escondida entre todas las cosas, la levantó y la tiró en el bote de la basura de la cocina. Continuó preparando su café cuando escuchó una voz que repetía su nombre:

"Iván, Iván..."  

Se quedó en silencio y pensó que tal vez alguno de sus invitados había olvidado algo y regresaba a buscarlo, se asomó por la ventana pero no había nadie. Regresó y tomó la azucarera y se dirigió a la sala, pero nuevamente escuchó su nombre, se volvió molesto por la broma y dijo en voz alta - ¡No es gracioso, la fiesta terminó! - 

"Iván..." 

Se movía tratando de identificar de donde provenía la voz que le llamaba, entonces al pasar por el bote de basura vio a la muñeca que lo miraba con su expresión triste, sintió como un escalofrío le recorría la espalda pues reconoció en los ojos de la muñeca la mirada de Eloisa. La levantó y la arrojó con fuerza al piso, pero cayó intacta siempre mirándolo a los ojos con tristeza. Desesperado tomó un cuchillo de un cajón y trató de acertar un golpe a la muñeca, pero ella siempre lo miraba a los ojos, intentó nuevamente pero al lanzarse sobre ella tropezó clavándose el cuchillo en el estómago, dio un grito de dolor y quedó tirado en el suelo en medio de un charco de sangre que aumentaba de tamaño al mismo tiempo que la sangre fluía desde su interior. Pronto quedó inconsciente debido a la pérdida de sangre y se sumió en un sueño profundo donde veía a Eloisa sentada frente a la ventana, el la veía hermosa como siempre y se abrazaban tan fuerte que la piel se trozaba dejando escapar pequeñas flores que pronto inundaban toda la habitación. 

Varios días después se dio a conocer la noticia de que el famoso fotógrafo Iván Leetch se había suicidado, al parecer nunca había superado la muerte de su prometida y sumido en la depresión perdió los deseos de vivir. Murió al clavarse un cuchillo en el estómago al finalizar una reunión con sus amigos más cercanos. Se decía que su estado mental había empeorado desde el día que adquirió una muñeca parecida a Eloisa con el pretexto de sentirse menos solo. 

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6 comentarios

  1. Una bonita historia. Un nuevo blog genial. Saludos

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  2. Ichhhh. Qué mal rollooooo. Besotes!!!!

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  3. Me encantan tus historias Avecilla, aunque esta fue un poco tétrica.

    Oye yo tuve que cerrar mi otro facebook, pero nunca pude agregarte en el nuevo, te mandé un mensaje, pero me imagino que no lo viste en la carpeta de "Otros"... Sea como sea me da gusto volver a estar de nuevo acá otra vez. Sigue escribiendo historias. No lo dejes de hacer.

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    1. Empezó siendo una historia normal pero se fue haciendo medio rara conforme avanzaba, la escribí en un cuaderno jajaja... primer vez que no escribí directo en el blog

      Me gustó hacerlo, tal vez escriba así más seguido

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