La Aldea de la Luna... Adelantos

viernes, octubre 16, 2015

Hola pequeños lectores aficionados, ¿Cómo les va? Espero bien, a mi me va bien, tan bien que hoy les voy a contar que ha pasado con la historia favorita de todos los niños: "La aldea de la Luna", pues bien, resulta que he seguido escribiendo, no en el blog pero si en un documento de word, ya llevo casi 20 hojas y la historia va a avanzando de una historia fluida, bastante fácil para mi sorpresa, pues por lo general me quedo estancada en alguna parte, otra cosa que me sorprende es como la personalidad de los personajes fue saliendo de forma no planeada, con el avanzar de los hechos las cosas se fueron dando de una forma y tal vez eso sea lo que nos está facilitando la escritura, por lo pronto les dejaré un avance para que se queden con la intriga y quieran saber más, próximamente ordenaremos los episodios nuevamente y continuaremos como si no hubiera ocurrido nada. 

La Aldea de la Luna (una parte del Torneo)

El hechicero atacó a Alejandro, por ser éste el más débil, estaba herido y no podía hacer mucho solo con una mano, dejó caer sobre él nuevamente una lluvia de cristales, Alejandro se cubría el rostro con una mano mientras el brazo lastimado colgaba inanimado, un cristal logró penetrar la armadura, el cristal se incrustó a la altura de sus pulmones, el caballero de la capa roja gritó mientras trataba de sacar el cristal, Aramis vio lo que estaban haciendo a sus compañeros, el ángel había sido derrotado, Alejandro estaba fuera de combate y si no actuaba pronto sería cuestión de minutos para que lo perdieran como habían perdido anteriormente a Pamela, no se perdonaría que eso sucediera otra vez, apretó los dientes y levantó su bastón, el cristal azul se encendió con una fuerza invisible, misma que elevó en el aire a Aramis, inmediatamente una nube negra se formó sobre sus cabezas.

¡No vinimos aquí a perder! – gritó y al hacerlo la nube descendió sobre el hechicero y el ángel del equipo contrario, al desaparecer la nube, lo único que había en la Arena era la espada del ángel de armadura dorada. 

¡Lo logramos! – Dijo Aramis – ¡Ganamos!

Alejandro levantó el rostro, sonreía con dificultad mientras intentaba detener la sangre con su mano, finalmente la retiró y cayó al suelo.

¡Alejandro! – Aramis corrió para socorrerlo, sabía que no era muy tarde aún, sacó un frasco de su morral y depositó varias gotas en la herida, el cristal salió de su interior, pero la herida no cicatrizaba como en ocasiones anteriores.

Ayúdenme a sacarlo de aquí, está muy grave – Aramis volteaba a ver a Amanda y Pamela – Tranquilo, vas a estar bien.

Alejandro no respondía, tenía los ojos abiertos pero su rostro empezaba a perder el color y sus ojos parecían más cansados cada vez. 

¡Maldita sea! No voy a permitir que otro de nosotros muera, no voy a quedarme parado sin hacer nada como siempre – dijo Aramis mientras trataba de levantar a Alejandro.

En la mente de Aramis se repetían una y otra vez las imágenes de la Aldea de la Luna, la destrucción, todo sucedía otra vez, en otra situación, en otro lugar pero él siempre estaba ahí observando solamente, incapaz de hacer algo, estaba harto de eso, quería hacer algo útil, no solo ser el sobreviviente que pasa todos los días de su vida escondiéndose, llevando una vida mediocre con tal de no correr ningún riesgo. No quería ser olvidado, morir sin haber logrado algo en la vida, todos sus miedos le estaban golpeando la cara y él estaba inmóvil, resignado, llorando como siempre sin enfrentarlos. ¡No más! Aramis levantó su bastón tocó el pecho de Alejandro con el cristal azul, todo se iluminó con una luz azul intensa, se escuchó un suspiró y todo se apagó.

La sangre dejó de salir, la herida se cerró dejando una marca en forma de estrella.

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