Geraldine

viernes, noviembre 20, 2015

Mañana cuando estés leyendo esta carta, yo ya no estaré en el mundo de los vivos. Sé que vas a decir que es un acto de cobardía, pero es todo lo contrario, más cobarde resultaba el seguir viviendo esta vida sin propósito. Si, definitivamente tenía que hacerlo. Solo espero que las cosas no se arreglen después de haber tomado esta decisión, pero como iban las cosas lo más seguro es que no mejorara nada. Solo quiero hacerte unas recomendaciones, ¿sabes? Con mi partida el único que se las va a ver negras es Pucky, Pucky siempre fue un amigo fiel y no quiero que quede desamparado, me harías muy feliz si te haces cargo de él, aunque de hecho lo harías más feliz a él que a mí, tu sabes, con eso de que ya estoy muerto.

Tengo un par de cosas de valor en la casa, debes recordar cuales son pues en las 3 (¿o fueron 4?) veces que fuiste a mi casa las viste, si algo te falta las puedes vender. Tal vez no te den mucho por ellas pero de algo han de servir.

Me parece que no queda nada pendiente, antes de hacerlo me aseguré de pagar las cuentas así que no habrán deudas, no lloren por mí… piensen que ahora estoy en un lugar mejor, y si me fui al infierno por haber hecho todo de la manera fácil, tengo el consuelo de que encontraré por acá varios conocidos. 
Sin más por el momento me despido, te quiere infinitamente Marco.

Geraldine estaba sentada con la carta en la mano, la leyó como 4 veces antes de asimilar lo que ahí decía, volteó a ver a Pucky que movía la cabeza a la derecha y luego a la izquierda intentando comprenderla, se levantó y caminó fuera de la casa acompañada de los policías y forenses que se llevaban el cuerpo de Marco. Marco tenía 32 años y aunque de un tiempo para acá se la pasaba quejándose de sus problemas no parecía ser un suicida. Vaya sorpresas que se lleva uno. 

Pucky salió corriendo antes de que cerraran la puerta y se paró al lado de Geraldine, a ella nunca le había gustado Pucky, era un perro chihuahua negro con grandes ojos saltones que siempre estaba llorando y temblando, bueno, eso es natural en los perros chihuahua pero aun así no dejaba de incomodarle su presencia. Volteó a ver al perro y luego a los policías que la observaban, tuvo que levantarlo y meterlo en su bolso. Aunque a uno no le guste parece que las últimas voluntades de los muertos siempre tienen que ser realizadas. 

La gran parte de la tarde se la pasó respondiendo llamadas, todo mundo preguntaba cómo se sentía, le ofrecían sus condolencias y ella solo se limitaba a decir que lo superaría, ¿qué más le quedaba? Marco se había suicidado dejándole una carta rara y un perro chihuahua que no paraba de temblar. “¿Por qué precisamente hoy?” Geraldine tenía proyectos importantes en su trabajo y tendría que posponerlos por el funeral, al día siguiente tenía que ir a una junta en Caracas y ahora no podría ir porque si lo hacía todos pensarían que es una insensible que no respeta a los muertos. Bueno, bueno… Las cosas irán componiéndose con los días, ¿no?

Pucky volteó a verla con los ojos llorosos, dio un par de vueltas y se acomodó para dormir sobre un cojín. Esa sería una noche larga.

Geraldine subió a su habitación, prendió la televisión y lo primero que salió fue la noticia de la muerte de Marco, cambió de canal pero en el otro noticiero hablaban de lo mismo, tal parece que Marco era la noticia de moda, en todos lados intentaban descifrar la causa del suicidio, Geraldine se reía con las hipótesis pues todas le parecían completamente falsas. Apagó la televisión y se acostó, en el silencio de la noche volvió a pensar en Marco y recordó lo que estaban diciendo en las noticias, se rió otra vez de todos los disparates que había escuchado, pero luego se quedó pensando… incluso ella no sabía que lo había orillado a semejante decisión, si era verdad que Marco se quejaba de muchas cosas recientemente, pero siempre había sido algo quejumbroso, eso no le pareció extraño. Se quejaba de lo que tenía que hacer, de lo que no podía hacer, se quejaba de lo que le gustaría hacer y todavía no tenía tiempo de hacer, era un mar de quejas ese hombre, por eso ella nunca había accedido a que se mudaran juntos. En lo profundo de su corazón si quería que eso sucediera pero su sentido común le decía que era mejor así; De eso también se quejaba Marco que siempre decía querer compartir su tiempo con Geraldine. Pero nunca podían estar tranquilos porque Pucky además de ser un perrito tembeleque y lloricón era posesivo a muerte, Geraldine no podía acercarse mucho a Marco sin ser atacada por Pucky.

En la mañana siguiente Geraldine despertó y lo primero que hizo fue llamar a la oficina para avisar que no se presentaría, al medio día sería el funeral de Marco y como su novia tenía que estar presente. Le dijeron que se tomara el día y si era necesario podía faltar al día siguiente también, con que les enviara por correo el reporte del mes era más que suficiente, afortunadamente Geraldine lo tenía listo desde hace unos días así que lo envió antes de salir, al llegar al velatorio encontró a los padres de Marco. Un señor gordito de aproximadamente 1.55 de estatura y medio calvo lloraba abrazando el ataúd mientras una señora alta de cabello rubio intentaba calmarlo, en cuanto ella entró sus miradas se dirigieron hacia ella. 

“¿Qué está haciendo aquí? Bueno, es la novia, supongo que tenía que venir” decían los padres de Marco en voz baja que alcanzaba a oírse en todo el lugar. 

Geraldine los saludó y tomó asiento en un lugar apartado. Ellos no la aceptaban del todo, la primera vez que Marco la llevó a la casa de sus padres no les fue muy bien, durante la cena pasaron cosas raras, pero no fue culpa de Geraldine, ella no tenía la culpa de que no le gustara comer la carne medio cruda. Dejó más de la mitad en el plato y eso ofendió a la madre de Marco, por lo que le dijo que nunca más la volviera a invitar a cenar. Desde ese día no los había vuelto a ver, pero en una situación así era inevitable. 

“¿Dónde quedó Pucky?” dijo la mamá de Marco sin voltear. “Lo dejé en la casa” respondió Geraldine levantándose de su asiento. “¿Y no le parece que también Pucky necesitaba darle el último adiós a Marco?” la madre de Marco levantaba la voz avergonzando a Geraldine ya que todos volteaban a verla como si hubiera cometido un delito, no respondió nada, solo se agachó y volvió a sentarse. 

“¡Ay pero yo no sé que le vio mi hijo a esta mujer!” gritaba la madre de Marco, Geraldine quería irse de ahí, ya no soportaba más los gritos de esa señora pero era la novia, no podía dejar a Marco solo en estos momentos… pero él sí que pudo dejarla sola con sus padres sabiendo que no se podían ver ni en pintura. Respiro profundamente e intentó calmarse. Unas horas después llegó el tiempo del entierro así que se fueron al panteón. El sacerdote dijo unas lindas palabras para consuelo de la familia, todos lloraron, le dieron el último adiós y lo enterraron. Todos fueron a la casa de los padres de Marco, todos menos Geraldine. A ella no la invitaron y aunque la hubieran invitado por educación sabía que si iba le estarían haciendo mala cara toda la noche. En esos casos vale más estar solo que mal acompañado. Volvió a su casa y encontró a Pucky acostado en la cama, lo sacó del cuarto y se acostó. "Marco, Marco… ¿por qué lo hiciste?"

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1 comentarios

  1. Me da a mí que la Geraldine está pensando más en ella que en él con esa pregunta. Besotes!!!!

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