Luna, la coneja que soñaba...

jueves, noviembre 05, 2015

Erase una vez una coneja que vivía en un pintoresco patio en una pintoresca casa en una pintoresca ciudad de un pintoresco país, la coneja pasaba la mayor parte de su día viendo por la ventana, pero la coneja no veía las calles, por la ventana veía a las personas de la casa donde vivía, su pasatiempo favorito era observarlas hacer sus actividades. Se entretenía mucho, pasaba sus días comiendo y viendo por la ventana con sus ojitos soñadores, al llegar la noche cuando todos se iban a dormir la coneja pensaba en lo genial que sería vivir como ellos, entonces se acostaba, se remolineaba en el piso y finalmente se quedaba dormida. 

La conejita soñaba siempre con llevar una vida humana, se imaginaba a si misma cocinando las zanahorias en la estufa, cepillando su esponjada colita mientras veía algún programa de Animal Planet en la televisión. Ese era su sueño favorito, y anhelaba de verdad tener la oportunidad de hacerlo realidad. 


Los días pasaron y la conejita no dejaba de observar por la ventana, se imaginaba que haría ella en determinadas situaciones, pensaba en cual habitación dormiría y de qué color serían el plato y el vaso donde tomaría sus alimentos, tal vez irían otros conejos a visitarla, era tan feliz con esos pensamientos que siempre decía: "le pediré a la Luna que cumpla mi deseo"

Finalmente, un día de luna llena, la coneja se paró en sus dos patas traseras y levantando sus patitas delanteras lo más que pudo dijo en su idioma conejuno: "Luna, se que puedes escucharme, quiero vivir como ellos por lo menos un día, quiero saber que se siente ser como ellos" y cerró sus ojitos esperando que sucediera el milagro. El viento sopló intensamente y las luces se apagaron, la coneja entreabrió un ojo para ver que había pasado, pero como todo se veía igual que antes lo volvió a cerrar, se paró con las cuatro patas y siguió repitiendo su súplica hasta que se quedó dormida sin darse cuenta. 


Un rato después abrió los ojos y se sintió en un lugar más acolchonado, no era el piso del patio, se levantó y sintió bajo sus patas la suavidad de una cama, emocionada dio un salto hacia abajo, miró a su alrededor y se vio entre cuatro paredes, en una se veía un reloj con un dibujo de "Hello Kitty", por el otro lado había una vieja computadora y un montón de muebles que nunca había visto, salió despacio de ese lugar y vio el pasillo frente a la ventana por donde tantas veces había visto las cosas pasar, sintió que el estómago se le encogía de la emoción y dio un salto grande, luego corrió hacia lo que parecía ser la cocina, vio sobre la barra una bolsa de zanahorias, listas para ser comidas, pensó en morderlas pero antes de hacerlo las lavó en el fregadero con agua y jabón, se sentía tan importante haciendo esas cosas en lugar de solo comer del plato. Una vez que las zanahorias estuvieron listas las colocó en una charola y se fue a sentar al sillón, era tan cómodo que no lo podía creer, tomó el control de la televisión y buscó Animal Planet en la lista de canales, encontró un programa de un tal Jackson Galaxy, no le pareció interesante y le cambió, después encontró a Bugs Bunny en Tooncast y lo vio de principio a fin, se divirtió tanto que no se dio cuenta de lo pronto que avanzaba el tiempo, volteó a ver el reloj negro con verde sobre el microondas y una sensación de tristeza la invadió, el día estaba próximo a terminar, bueno... aún quedaban unas horas de la tarde y la noche, pero no le alcanzarían para hacer muchas cosas, además oscurecía más temprano desde que cambió el horario. Como sea, se levantó y abrió el refrigerador para sacar más comida, sus ojos azules no podían creer lo que veía, comida fresca al alcance de la pata (por ser coneja no podía ser al alcance de las manos), una gran variedad de cosas, pero entre todas no supo que elegir así que lo cerró y regresó al sillón, era cómodo pero ya le empezaba a fastidiar así que mejor se fue a la cama, se subió de un brinco y se remolineó un par de veces, la cama era tan suave que no sentía que la remolineada hubiera sido real, se levantó y se rascó cerca de la oreja con la pata trasera, se disponía a lamerla como de costumbre cuando por estar en la orilla de la cama se cayó al suelo, se puso de patas (no podemos decir de pie porque es una coneja) y reflexionó un rato, se dio cuenta que la vida de humanos era genial pero la vida de conejos era mucho mejor, porque muchas cosas que le gustaba hacer no las podía hacer viviendo como humano, no podía remolinearse en el suelo, ni rascarse con libertad, habían muchas cosas en el refrigerador pero a ella solo le gustaban las zanahorias, además, desde adentro las cosas no se veían tan divertidas como por la ventana, así que regresó a la cama, se cobijó hasta las orejas y cerró sus ojos, juntó sus patitas delanteras y dijo: "Luna, gracias por cumplir mi deseo, ahora quiero volver a ser quien soy", la oscuridad la cubrió por completo y cuando abrió los ojos otra vez se encontró del otro lado de la ventana frente a su dueña que le decía "conejita hermosa" y pensó: "Así esta mejor, cada quien en su lugar".


La conejita no volvió a desear vivir como humano pero guardó en lo profundo de su corazón los buenos recuerdos de esa gran experiencia, sobre todo los chistes que aprendió viendo a Bugs Bunny en Tooncast.

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4 comentarios

  1. Que lindo cuento Avecilla... Nunca se me hubiera ocurrido imaginar que tu Luna desearía ser humano.

    Como siempre me emboban tus historias.

    Te debo una visita más larga que el día en que Luna soñó.

    Saludos Avecilla.

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  2. El caso es que al menos a la coneja le han concedido su deseo... ¡yo sigo sin tener millones en mi cuenta! :P

    Al menos la conejita supo quedarse con lo que más le gustaba ^^

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  3. Qué bonito... Para mis gatos lo de dormir en el suelo sería una pesadilla. Jajajaja. Besotes!!!

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